
REVOLUTIONARY ROAD. Tocada y hundida. Reconozco, así de buenas a primeras, que soy de contagio fácil en los dramas. Una blanda, vamos. Una vez reconocido este hándicap, que me hace vulnerable a este tipo de género, y que anula un poco mi juicio racional, intentaré exponer porqué esta película me dejo muda.
Muchos saben que la vida es vacía en este lugar, pero pocos reconocen que es IRREMEDIABLEMENTE VACÍA. Dice el loco, al que le arrancaron las matemáticas con técnicas electroconvulsivas. IRREMEBIABLEMENTE. Hace un par de días, al levantar la persiana de mí habitación vi mi bicicleta verde estropeada, y me vino esa sensación de… cuantas cosas pendientes tienes todavía por hacer…Esa sensación que la vida es corta, que el tiempo no se detiene, que todo es irreversible. Explicado así parecen pensamientos, pero es mucho más que eso, es un sentimiento de angustia existencial. No es que sea un sentimiento que me resulte extraño, fue una constante en mi vida durante bastante tiempo. Antes le llamaba, vacío, y a las temporadas en que aparecía les llamaba: crisis existencial y un número. Le podemos llamar crisis, desorientación, o lo que sea, pero es un sentimiento de nostalgia, un sentimiento de pérdida del color…no sé realmente cuantas personas de las que conozco, piensan-sienten, les invade la sensación al menos una vez por semana de la escasez del tiempo, esa extrañeza delante de la vida. He explicado mil veces, que era pequeña cuando apareció esa sensación, que por la noche encendía la luz, me miraba las manos y no entendía nada. Aprendí a andar, sin entender nada. Hoy me miro al espejo, y no me reconozco, reconozco mi cara, mis dientes, mis legañas, pero despojada de circunstancias no sé quién soy, ni quién quiero ser. Puede parecer triste o lamentable explicado así, pero también hace mi vida más rica, y me hace a mi Thais.
Conocidas un poco mis condiciones idiosincráticas, no puede extrañar que me compunja una película como Revolutionary Road. No puedo decir que se trate de una historia original, ni mucho menos, pero de vez en cuando necesitamos que alguien nos recuerde lo que es soñar, las renuncias que hacemos, las cárceles que nos construimos, y la peligrosidad de la comodidad.
Antes de ir al frente, todos los muchachos con el uniforme, las montañas nevadas, todos avanzando…tenía miedo, pero realmente me sentía vivo. Yo también me sentí una vez así; fue la primera vez que me hiciste el amor. En ocasiones tocamos la vida con la punta de los dedos, sentimos la tierra en nuestros pies, sentimos que la condición de estar vivos nos invade plenamente, que corre por nuestras venas la ilusión que estamos en algo grande, que por un momento sabemos lo que es vivir. VIVIR. VIVIR EN MAYÚSCULAS. Si alguna vez sentiste eso, quieres repetir. Si nunca lo sentiste, y vives en el vacío, en el no-vivir, lo buscas, y es una búsqueda insaciable. Puede que sean conceptos infantiles, teñidos de idealismo, búsquedas poco realistas, pero no puedes sentirlo de otro modo. Para seguir andando te olvidas de ello, lo metes bajo la alfombra, pero lo sigues teniendo bajo tu piel, en el fondo de tus ojos, muy, muy al fondo, se ve que un día lo supiste, que un día lo buscaste, que todavía queda ese poso en la taza.
Vamos a París, vamos a buscar lo que realmente quieres ser, no olvidemos nuestros valores. Podemos tener una casa bonita, una casa clara y soleada, con jardín y hierba fresca, pero este es el engaño de lo bonito ¿Realmente es eso lo que quería ser?
Qué suerte que no estamos en los años 50, dice Ana. ¿Y realmente ha cambiado mucho? ¿Ahora nos cuesta mucho menos realizar nuestros sueños? ¿Nos cuesta mucho menos soñar?¿nos cuesta mucho menos saber qué queremos soñar? ¿Nos cuesta mucho menos saber que podemos soñar? Creo que no, y es para mí un no rotundo.
Puedo seguir corriendo por el bosque, hasta extasiarme, hasta desmontarme, y caer de rodillas y seguir sin entender nada, seguir buscando el color, seguir buscando la vida, llorar. Ambiciones absurdas, y rodillas peladas. Vamos a hacer la maleta. De vez en cuando uno debe recordar que puede hacer la maleta.
La promesa de la felicidad puede convertirse en drama, horror, y muerte.